El metanol es muy tóxico tanto como líquido o como vapor. Produce necrosis celular irreversible, asi como acidosis metabólica que destruye los riñones y otros órganos.
Puede penetrar en el organismo por la nariz, la boca o la piel (especialmente por vía de cortes o lastimaduras) y es rápidamente absorbido por la piel y los fluidos del cuerpo.
Ingestión: La ingestión directa produce la más rápida respuesta, siendo 50 a 100 ml usualmente una dosis mortal, mientras que 25 a 50 ml son frecuentemente mortales si el paciente no es tratado inmediatamente. La tolerancia individual varía ampliamente. Se deben tomar todas las precauciones para evitar que el metanol sea ingerido por error y debe prohibirse estrictamente el sifoneo con la boca.
Inhalación: Altas concentraciones de vapores de metanol pueden producir envenenamiento agudo luego de breves exposiciones. Se considera que 200 ppm de vapor de metanol en volumen (0,25 mg/litro a 25ºC y 1 atm) es el límite máximo permisible en la atmósfera para un trabajo de 8 horas diarias, 40 horas a la semana.
Contacto con la piel: El efecto inmediato del metanol en la piel es la pérdida de la grasitud y el resecamiento de la misma, típicos de otros solventes. Sin embargo el metanol puede también ser absorbido por la piel y causar los efectos tóxicos y letales descritos anteriormente.
Exposición a los ojos: Nuevamente los efectos inmediatos del metanol son similares a los de otros solventes, por lo que debe ser lavado rápidamente. Ya sea por contacto directo, inhalado o ingerido, el metanol causa visión borrosa, una extrema sensibilidad a la luz (fotofobia) e inflamación (conjuntivitis). Exposiciones severas pueden destruir el nervio óptico, llevando a la ceguera y pueden causar lesiones oculares. Algunas veces los síntomas oculares pueden desaparecer inicialmente, pero luego retornar causando ceguera.